Un ejemplo de esta situación es el caso de Houssain Achluch, de 41 años, natural de Torrejón de Ardoz. En diciembre enterró a su prima siguiendo los ritos del Islam —orientando el cuerpo hacia La Meca y envuelto en paños blancos—, pero no pudo hacerlo en Madrid. Sus restos se enviaron a Marruecos, a 1.300 km de distancia, porque no había espacio disponible en ningún cementerio de la región para musulmanes, pese a que ella vivió, trabajó y pagó impuestos toda su vida en Madrid. El País
El único cementerio musulmán municipal en la Comunidad de Madrid estaba en Griñón, a unos 40 minutos de la capital, pero desde diciembre quedó tan lleno que solo aceptaba entierros de neonatos y niños; más tarde fue cerrado hasta su próxima ampliación. El País
La solución planteada hace años —habilitar 10.000 m² para enterramientos musulmanes en el Cementerio de Carabanchel— aún no se ha materializado, y muchas familias se ven obligadas a enviar a sus seres queridos a otros puntos de España o al extranjero, con el esfuerzo emocional y económico que eso implica. El País
Ante esta situación, algunos representantes de la comunidad musulmana insisten en que no piden privilegios especiales, sino el mismo derecho que cualquier ciudadano a ser enterrado dignamente en el lugar donde han vivido y contribuido. El País
Actualmente en Madrid hay 14 cementerios municipales, ninguno con espacio disponible conforme al rito musulmán, mientras la comunidad destaca que esta carencia los hace sentir como “ciudadanos de segunda” incluso después de la muerte. El País

