Ante la falta de cementerios musulmanes en España, muchas familias se ven obligadas a repatriar a sus seres queridos a sus países de origen. Este proceso, además de complejo, supone un coste económico elevado que no todas las familias pueden asumir.
La repatriación forzada no siempre responde a una elección personal, sino a la ausencia de alternativas en el territorio español. Para muchas personas nacidas o arraigadas en España, esta solución supone una ruptura emocional añadida.
Las comunidades musulmanas insisten en que la repatriación no puede ser la respuesta estructural a un problema que requiere soluciones públicas y permanentes.

